Dar a luz en el Antiguo Egipto .,. Texto compartido del autor (http://franciscojaviertostado.com)

El parto:

El papiro que recoge cómo eran atendidos los partos es el Papiro de Ebers (1500 a.C., de la dinastía XVIII) y por él sabemos que se realizaban en los domicilios, atendidos por matronas. Las parturientas adoptaban la posición más fisiológica para parir que es la de agacharse, en posición de cuclillas o de rodillas, sobre una “silla de partos” hecha de ladrillos de adobe y con un agujero central (utilizada también como retrete). Se han encontrado varias de ellas en las excavaciones realizadas en Egipto y quizás la más destacable sea la que utilizaba la esposa del gobernante de Abydos, Arnessent, de la dinastía XII (1991-1790 a.C.).

Se vendaban a las mujeres para así aumentar la presión abdominal y ayudar a la expulsión del feto, y era frecuente utilizar supositorios vaginales para lubricar su salida. Solo en el caso que el parto se complicara llamaban al médico, aunque eran los sacerdotes los que siempre controlaban la práctica médica. Los especialistas en obstetricia se llamaban Sunu y utilizaban mesas exploratorias similares a las actuales para controlar los embarazos de las mujeres de alto rango social.

Aunque el parto se solía practicar en el mismo domicilio de la mujer en ocasiones acudían a unos “parideros públicos” donde daban a luz en unos bancos especiales para el caso.  Presidiendo la sala estaba el dios enano Bes y cuando ocurrían desgarros, los suturaban. No tenían anestesia como la conocemos actualmente pero les suministraban cerveza o cremas de polvo de azafrán, humo de terebinto o pulverizado de mármol disuelto en vinagre.

Los partos los clasificaban en normales (Hotep), difíciles (Bened) y prolongados (Wedef). Tras el parto el cordón era cortado con un cuchillo especial y la placenta se guardaba para utilizarla como tratamiento médico, aunque en ocasiones se momificaba junto el cordón umbilical como parte del ajuar funerario, o incluso se enterraba en la puerta de casa o era arrojada al Nilo para asegurar la supervivencia del recién nacido.

Tras el parto…

Se calculaban las posibilidades de sobrevivir del recién nacido por su expresión facial y la fuerza del llanto. En los casos que había dudas, se le administraba una dieta de leche que contenía un trocito de placenta: según su reacción calculaban si moriría joven o sobreviviría.

Después de parir las mujeres se retiraban durante dos semanas a una estancia de la casa (tienda de purificación). La lactancia se prolongaba hasta los tres años y la realizaban vecinas o familiares cercanos, contratándose nodrizas especializadas en las familias más ricas. La leche materna era utilizada como “agua de protección” y se utilizaba incluso para curar resfriados, cólicos, quemaduras, infecciones oculares y para aumentar la potencia sexual. En ocasiones se producían prolapsos de la vagina y el útero, secundarios a los partos complicados, y para intentar solucionarlos utilizaban pesarios similares a los que se utilizan hoy en día.

Las matronas, eran muy comunes en el antiguo Egipto. En sí, la mujer en el antiguo Egipto trabajaba, tenía propiedades, dependía poco del marido, podía heredar, poseer y administrar bienes con independencia, podía presentarse ante los tribunales en calidad de demandantes, defensoras y testigos. Podía tener títulos religiosos y civiles. Sigue leyendo “Dar a luz en el Antiguo Egipto .,. Texto compartido del autor (http://franciscojaviertostado.com)”